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Lo que podía ante los
dioses atraerse a los hombres
era el trigo y una
límpida pizca de sal pura.
2. No se realizaba ningún sacrificio sin una mola
salada, porque basaban en la sal el poder principal del sacrificio. También
Virgilio (ecl. 8, 82) habla de ello:
Esparce mola con sal.
3. Incluso Plauto (Amph. 739-740):
- A Júpiter protector
Hoy ha sido preciso
invocar con mola salada o con incienso.
4. La sal, así pues, era considerada como el elemento
primordial de los tres componentes sagrados de los que constaba la propia mola,
número que los antiguos consagraron no sin razón para la realización de todo
tipo de sacrificios.
5. Cicerón en su libro La adivinación tocó la cuestión en estos términos (diu. 2, 37): «La cabeza
está en el hígado, el corazón en las vísceras, se desvanecerá en seguida tan
pronto como rocíes mola y vino», entendiendo por mola cebada y sal bañadas en
vino. En efecto, así como a través del vino se alude a la bebida, a través de
la cebada a la comida a título de frutos, pero a través de la sal, que no es de
por sí comida ni bebida, se alude al condimento que asocia a ambos, con los
cuales la naturaleza humana se sustenta adecuadamente, así también los que
hacen sacrificios, aplicando esta misma sagrada triplicidad, a través de la
cual se expresan los sentimientos humanos, pensaban que los dioses estaban en
paz con ellos y así apelaban a su bondad. Con el vino, en efecto, se les
animaba a velar por ellos, con la cebada a protegerlos y con la sal, en fin,
que indica la pureza del que hace el sacrificio y sin la cual las anteriores
ofrendas no resultan gratas a los dioses, se les inducía a que fueran
condescendientes con ellos.
6. Por esta razón era tanta la veneración a la sal,
que las vírgenes Vestales, en cuyas manos estaban los más importantes e
inviolables sacrificios, cuenta Fabio Píctor, según se lee en Nonio Marcelo, (VARRO, frg. Non. p. 223)
que acostumbraban a cortar la sal con una sierra de hierro, sobre todo para que
la sal golpeada no se esparciera por el suelo y en consecuencia fuera pisoteada
monstruosamente la sal con la que debía rociarse el sacrificio que había que
hacer a los dioses. Estaban convencidos, como decía, de que los sacrificios no
podían ser desagradables a los dioses si se rociaban con mola salada.
7. Así, pues, Plinio escribió (nat. 12, 83): «Y los dioses eran más
propicios a los que suplicaban con una mola salada, incluso como está claro,
más benévolos».
8. También Homero describió este hecho al referirse a
los griegos que hacían sacrificios en Troya:
Y en seguida pareció que
habían aplacado a los dioses cuando rociaron
los sacrificios con mola
salada.
9. También Horacio (carm. 3, 23, 20):
Apaciguará a los penates
hostiles
con trigo sagrado y una
pizca de crepitante sal.
10. Y él mismo de nuevo (sat. 2, 3, 199-200):
Cuando tú colocas ante
el altar como novilla a tu dulce hija en Aulide
y rocías su cabeza con
mola salada, malvado.
11. A esto parece que también se
refiere lo que dice Lucano (1, 610):
Ya había empezado a
verter el vino
y a llevar las molas con
la hoja de su cuchillo inclinada.
12. En fin, para dejar a un lado
a otros muchos poetas que han discutido y tratado acerca de esta mola salada,
ahora expondré brevemente los ritos o ceremonias con que los griegos y los
romanos solían aplicarla a los sacrificios, tal y como lo he recogido de los
comentadores de estos mismos poetas.
13. Así era el orden que se
seguía en los sacrificios. Los que iban a realizarlos tenían la costumbre ante
todo de lavarse las manos, luego, pronunciando algunas palabras mágicas,
esparcían sobre las aras molas saladas; al final exponían a la gente qué cosas
eran dadas a entender a través del sacrificio. De ahí que en lo que respecta a
la mola salada, ésta no era otra cosa que trigo o cebada rociada con sal, que
se vertía sobre el ara antes del sacrificio, es decir, era un augurio de las
abundantes cosechas que se esperaba recoger del campo aquel año. Y los dioses
pensaban que esto era muy agradable porque, así como la cebada era el primer
producto del año que aparecía distribuido con absoluta largueza por los dioses,
así también era lo primero que los hombres ofrecían a los dioses piadosamente y
con generosidad.
14. Por otra parte, mezclaban la
sal con la cebada no tanto porque reconocían que era agradable en la comida y
apropiada para la reproducción, como porque pensaban que era un símbolo muy
efectivo para pactar y realizar la alianza entre los hombres y los dioses. Pues
así como la sal por la fuerza del sol, como he dicho, se condensa en un solo
cuerpo a partir de la mezcla de líquidos ácueos y de tierra,
así también los pensamientos y sentimientos humanos, aunque diferentes entre
sí, con la anuencia de Dios se unen en un todo, saben muy dulcemente y a través
de ellos se degusta a la vez lo divino y lo humano.
XVI. 1. Y no rechazan un rito casi semejante la devoción cristiana o la
doctrina eclesiástica, pues se preocupan de que, nada más nacer, seamos
impregnados de manera piadosa y muy sabia con la sagrada y purificadora sal. Y
esto se hace para concertar y conservar la alianza divina, aunque tantas veces
interrumpida por Satanás, el enemigo más funesto del género humano, porque es
muy fácil que, concertada con esta misma sal, ora detenga, ora haga fracasar y
aplastar cualquier astuto intento de tan gran terrible enemigo. Pues de la
misma manera que la sal contra las heridas venenosas y las mordeduras de
serpiente se aplica muy eficazmente al cuerpo como remedio curativo, según
opinión de Plinio (nat. 29, 120), sobre lo que hablé bastante en la conversación de por la
tarde,
así también la sagrada y purificadora sal reprime y aparta con mucha diligencia
las mordeduras de la serpiente satánica y sus muy pestilentes alientos.[...]
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